Sobre un comienzo

Por Lic. Juan Manuel Foucault

Pintura de Remedios Varo, El labrador (1958)

En aquel entonces, cuando empecé, estaba en una. Me atravesaba un duelo amoroso. Sentía un desgarro. Estuve meses macerando la idea de empezar y al descubrir con quién me gustaría hablar me animé.

Entonces fue un recorrido de habladurías, pasajes de palabras intelectuales a vibraciones del cuerpo, de ese dolor monotématico a estar en articulación con otros, mientras conjugaba preguntas y miraba ventanas. Siempre miro ventanas en mis análisis.

Tamizando el polvo del pasado, fui diferenciando lo que había vivido con lo que vivía. Puntuar algunas cosas, como quien dice, respirar puntos suspensivos, trazar puntos apartes, versear la ausencia.

No tardé en convertirlo en un espacio que acompañara otros procesos que llevaba adelante. Creer que estaba separado del mundo también era ingenuo, pero un poco sí. Se diferenció del bullicio ordinario de las avenidas y las cátedras universitarias.

Hoy lo pienso como una instancia que me habilitó el acercarme al descubrimiento de mi propia lengua. Esa tarea incesante, que cada encuentro habilita. No hubo recetas prescriptas para mí. Hubo un trabajo de martillazos a la masa, de cocina a fuego lento, de poética de lo inútil, de movimientos respirados.

Hablar de esto también es poder decir que todo inicio es imaginario, y por eso mismo comienzo cada vez.